Por Malú Kikuchi
16/05/08

Una vieja maldición china dice: “que te toque vivir tiempos interesantes”. Y estos tiempos argentinos, no aptos para cardíacos, son demasiado interesantes.
Tiempos interesantes, desconcertantes, impredecibles, inesperados, rozando el precipicio y con vocación de caída.
Dos Argentinas enfrentadas, la Argentina del gobierno y sus seguidores, versus la Argentina de los productores del campo y los pueblos del interior, a la que cada día se le suma más gente, harta de soberbia, impunidad y prepotencia.
Argentina ha convertido una oportunidad soñada en una crisis de pesadilla. Después de esperar largos años para que nuestros productos se cotizaran y fueran necesarios, cuando finalmente sucede, Argentina decide no vender.
Argentina ha sido tradicionalmente “el granero del mundo”, la nación de la abundancia. Hoy tiene abundancia de piquetes, y no son “los piquetes de la abundancia”. Argentina juega con el desabastecimiento interno.
Argentina tiene un gobierno que ha generado una crisis fenomenal casi de la nada, y no puede o no quiere solucionarla desde hace 96 días. Mientras, somos el hazmerreír del mundo.
Argentina tiene una Presidente que no gobierna y en su lugar lo hace el marido, el ¿ex? Presidente. Dicen que es Presidente del PJ, pero institucionalmente, es ¡NADIE!. Sin embargo, el gobierno acata sus órdenes.
Argentina, según Kirchner, está jaqueada por un permanente intento de golpe de estado por parte de los que protestan. El que intenta un golpe de estado conyugal, vaciando de poder a la Presidente elegida, es él. Caso único en la historia.
Argentina a través de su gobierno, actúa con un absoluto desprecio por la Constitución Nacional, desprecia las leyes y las normas. De pronto, desempolvan algún artículo de la Constitución, a destiempo, y mal. El gobierno desprecia la realidad. La desconoce.
Argentina, a través de su gobierno, está de espaldas a la realidad, vive en un mundo paralelo, y nos toma por lelos. El gobierno desata una inflación imparable, no se da por enterado, la desconoce y nos miente.
Argentina, gracias al gobierno, está en permanente estado de cabildo abierto, ¡198 años después! Los camioneros no dejan circular, los ruralistas mantienen 400 asambleas en todo el país. La gente está en las rutas o protestando en los pueblos y en las ciudades. El gobierno, a través de sus fuerzas de choque, ataca. El caos está a la vuelta de la esquina.
García Venturini, el filósofo que se fue demasiado pronto, decía que había que rescatar la palabra y el concepto de aristocracia que estaban devaluados. Decía que para ensalzar a la democracia, habíamos devaluado a la aristocracia. Y la primera, sin la segunda, no funciona.
Para que la democracia (demos=pueblo, krátos=poder) no sea sólo un sistema electoral que consagre al gobierno de la mayoría; para que no sea una palabra hueca, sin contenido; para que la democracia sea auténtica, debe estar conducida por una aristocracia (aristos=mejor), o sea el gobierno de los mejores.
Desgraciadamente, al no buscar una democracia con aristocracia, se corre el riesgo con mucha frecuencia, de votar candidatos con antecedentes no demasiado claros, con una moral discutible y con una historia conflictiva. En ese caso, decía García Venturini, llegamos a la kakistocracia, expresión que acuñó y que sigue vigente.
¿Qué es la “kakistocracia”? “Kakistos” (en griego) es el superlativo de “kakos”. Y “kakos” quiere decir, malo, perverso, sucio, sórdido, vil, incapaz, innoble, nocivo, funesto. Por lo tanto, “kakistos” es “muy malo”, o sea peor. Kakistocracia es “el gobierno de los peores”.
En una kakistocracia, los absurdos, la falta de respeto a todos y a todo, la soberbia, la impunidad, la prepotencia, la falta de realismo, dejar escapar oportunidades, más bien echar las oportunidades para que no vengan, son esperables.
En una kakistocracia, la mentira, la imprevisión, la improvisación, la falta de reglas claras, la voracidad fiscal, la humillación de los otros, la terquedad, la censura, el no rendir cuentas sobre los dineros del estado, todo se explica, justamente porque es una kakistocracia. Porque en el gobierno de los peores, todo lo malo, todo lo peor, puede suceder, y sucede.
En estos tiempos interesantes, tan interesantes como una maldición china, con el correr de las horas y de los hechos, García Venturini y su certera definición de kakistocracia, se hacen presentes.
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