"SI ES LA REALIDAD, NO ESTOY"

Por Malú Kikuchi
21/07/08

 
El jueves 17 de julio 2008 es, de ahora en más, una fecha para recordar. Lo sucedido en el Senado de la Nación, fue un hecho memorable: terminó con un perverso sistema de gobierno. 

Terminó un sistema de gobierno, no el gobierno. Terminaron la sumisión y la obediencia debida hacia la pareja presidencial. Quedó atrás el miedo al disenso. La dignidad salió de terapia intensiva y resucitó el poder del Poder Legislativo. La república empezó a ponerse de pie.  

     Nada de todo lo anterior implica querer destituir al gobierno. Para eso hay que pasar previamente por elecciones presidenciales, y para estas faltan más de tres años. Nadie quiere, ni debe, apresurar el calendario. La fecha de recambio es inamovible: 10 de diciembre 2011. 

      Todo es claro y simple. La abrumadora mayoría oficialista del senado, dejó de ser mayoría. Tenían 56 votos asegurados, contra 16 opositores. Perdieron 20 votos. Para que tuviera que desempatar el vicepresidente de la nación, tuvo que existir un empate previo. 

      Todo es tan claro y tan simple que no se entiende que el gobierno no lo entienda. Es el juego de la democracia republicana, a veces el ejecutivo pierde y gana la oposición. En este caso en particular, la resolución ministerial 125 era anticonstitucional y confiscatoria.  

      El ex presidente en funciones hizo de la nada, una cadena de montañas. Convirtió una simple resolución ministerial en una guerra de vida o muerte. El campo dijo NO y gran parte del país lo acompañó. 

      Hubo aprietes, amenazas y tentaciones. Algunos senadores aceptaron; otros, no. Son de destacar las actitudes del ex presidente Menem, haciendo acto de presencia a pesar de su estado de salud, la del senador Emilio Rached, fuertemente presionado por su gobernador Gerardo Zamora y la independencia de la senadora  Teresita Quintela. Se destaca en particular la muy corajuda, difícil y ejemplar decisión del vicepresidente Cobos. 

      Simple y claro. El senado votó en contra de un pésimo proyecto de ley. Eso es todo. La mayoría del país aplaudió el resultado, pero el gobierno no registró el cambio del humor popular. 

      Si no hubieran exagerado tanto la importancia de la 125, si no hubieran organizado tantas marchas y plazas pagas para defenderla, si no hubieran mentido tanto sobre el destino de las retenciones (hospitales, viviendas y caminos rurales; pago de la deuda externa, ¡el destino del país en juego!), la votación hubiera sido un simple revés legislativo. Pero con los Kirchner no existen las negativas a nada, no las toleran, no las entienden, no las aceptan. 

      La reacción natural ante el resultado de un tema tan artificialmente inflado, era que la Presidente, la mañana del viernes, por cadena nacional (esta vez justificada), aceptara el rechazo del congreso a su proyecto de ley, convocara a todos los legisladores que presentaron proyectos alternativos, a la mesa de enlace de las 4 entidades y a los expertos del gobierno, para consensuar una ley de largo aliento que contemple el desarrollo agropecuario en todas sus formas.  

      Tendría que acompañar el discurso adelantando un profundo cambio de gabinete, donde las caras más gastadas y sospechadas del mismo no volvieran a aparecer, y lo más importante, sugerir que su marido y copresidente, dejaría de intervenir en la conducción del país hasta el fin de su mandato. El pueblo todo la hubiera apoyado. Finalmente, Cristina asumiría como Presidente. 

      Lamentablemente para ella y para la nación, eso no sucedió. En cambio, la actitud adoptada por la Presidente ha sido la de negar la realidad. Negarla de tal modo, que ha ordenado: -“si llama o viene la realidad, le dicen que no estoy, que tuve que salir a hacer un trámite, o a probarme un vestido, o que fui al dentista, le dicen que no estoy.”  

      Dijo la Presidente: “Quiero decir que nosotros nunca nos hemos traicionado.” ¿Se habrá olvidado de Menem y de Duhalde? Siguió diciendo: “Tal vez no hayan entendido. A algunos les cuesta más entenderlo, tal vez algún día lo entenderán”(Chaco 18/7/08). Hay una figura en psicología que habla de “espejar”, es decir reflejar pensamientos, sentimientos, sensaciones y hechos propios, en los demás. 

      Dijo Cristina en Olivos a sus leales legisladores: “No perdimos, empatamos”.  Perdieron 20 votos que antes tenían asegurados. Votaron en contra 7 ex gobernadores, 2 de ellos ex presidentes, Menem, Rodriguez Saa, Reutemann, Marín, Romero, todos PJ,  Verani y Nikich, UCR.  

     Dijo Cristina: “El problema fue que mi compañero de fórmula me votó en contra”. “Se perdió por el árbitro.” Perdió porque 36 senadores le votaron en contra. Perdió porque la ley era malísima.  

     Perdió porque los senadores detectaron que los ciudadanos de a pie se cansaron de un modo hostil y confrontativo de gobernar. Perdió porque el senado supo que la gente se hartó de los discursos diarios, de la falta de gestión, de la inflación y de la inseguridad. 

     Perdió porque el senado supo que la gente se cansó de una Presidente que no ejerce como tal y de un ex presidente que actúa como si no hubiera dejado de serlo. Cristina no se da por enterada, resiste en su mundo de fantasía a una realidad que le es ajena. 

     El líder y fundador del partido gobernante insistía en que  “la realidad es la única verdad”, el resto es voluntarismo que no sirve para gobernar. 

     Cristina Fernández de Kirchner sigue ordenando a su entorno,  -“si a la realidad se le ocurre aparecer, díganle que no estoy, no tengo tiempo para atenderla”. 

     Mientras, inmutable, a las puertas de Balcarce 50. la realidad que sabe que no se la puede evitar,  espera.

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