Por Malú Kikuchi
25/8/08

Un poco de historia, sólo hechos. Argentino del Valle Larrabure, tucumano (6/6/1932), militar, casado, dos hijos, ingeniero químico becado para especializarse en Brasil, condecorado por el gobierno de Brasil. Siendo Mayor del Ejército, fue secuestrado por el ERP (ejército revolucionario del pueblo), de la Fábrica Militar de Villa María, Córdoba, el 11/8/1974.
Le decían “el Vasco”. Estuvo en poder de los terroristas durante 372 días. 372 días de cautiverio en condiciones infrahumanas, en una “cárcel del pueblo”, un cubículo de 2X2. Durante esos 372 días fue torturado, humillado, presionado para obligarlo a colaborar con el ERP ya que era un experto en explosivos.
No aceptó. Nunca lo quebraron. El 23/8/1975 apareció muerto en un descampado de Rosario, con marcas de torturas, ahorcado con cuerda y alambre, pesando 48 kilos menos. Tenía 43 años.
Dice otro secuestrado que compartía cautiverio con Larrabure, aunque sin tener ningún tipo de contacto con él, que Larrabure murió cantando el himno nacional. Eran tiempos del gobierno constitucional más votado de la historia argentina (62%), presidido por María Estela Martínez de Perón. No había partidos excluidos. El gobierno era legal y legítimo.
Los terroristas que secuestraron, torturan y asesinaron a Larrabure, no eran “maravillosos muchachos idealistas”. Eran terroristas asesinos.
Hasta acá, los hechos históricos. De ahora en más, la interpretación, lo considerado “políticamente correcto”, la manipulación de la historia, la distorsión ideológica y sobre todo, aquello que justifica el accionar mediático, la justicia sesgada y la enseñanza tuerta: la CULPA.
Argentina sufrió una guerra civil en los 70. Desde los 60, con el PJ prohibido (gravísimo error que se pagaría caro y con mucha sangre), Fidel Castro, Cuba y “el hombre nuevo” pasaron a ser el ejemplo a seguir. El PJ se dividió entre ortodoxos y extremistas de izquierda. Perón jugó a dos puntas.
Cuando pudo volver al país y quiso sacarse de encima a los montoneros, ya era tarde. El viejo líder no cumplía con el sueño marxista y en plena democracia, el terrorismo siguió actuando. Querían llegar al poder por las armas, sabiendo que por los votos no les era posible.
La guerra civil entre los terroristas y las FFAA, fue feroz e inhumana. La ganaron con las armas las FFAA. La perdieron en los medios y a nivel internacional. Con el correr del tiempo, los perdedores serían gobierno y juzgarían a los ganadores.
El proceso militar cometió el imperdonable pecado, el imperdonable error de los “desaparecidos”. Un desaparecido ya es inimaginable. Los cadáveres se entregan a los familiares, los recién nacidos, también. Y no hay explicación posible para “desaparecidos y niños regalados como si fueran cosas y no personas.
El hecho de una desaparición (fueron muchas), permitió que los que se aprovechan de las ONG de DDHH inventaran cifras disparatadas y mentirosas, y cobraran muchos dólares por sus mentiras. Y lo que es peor, generaron culpa en la sociedad.
Las pocas personas que sabían lo que pasaba, tenían algún tipo de conexión con el terrorismo y miraban hacia otro lado. La mayoría de las personas se contentaba con vivir en paz, sin bombas, ni atentados, ni asesinatos y no se preguntaba como se conseguía esa paz.
La ideología de los que perdieron la guerra en los 70, hoy está en el gobierno. Esa ideología tergiversa todo. Y la sociedad, la misma sociedad que se recostó cómodamente en la paz provista por las FFAA durante el proceso, acumula culpa y no puede procesarla.
Desde el ejecutivo, desde el legislativo, desde el poder judicial, desde los medios, desde los contenidos que se enseñan en los 3 niveles de educación, se destila culpa. Cualquier intento de explicación, no ya de justificación a hechos perpetrados por las FFAA, es rechazado de plano.
La disparatada teoría, negada internacionalmente, de que terrorismo es sólo el terrorismo de estado y que el accionar de los terroristas entra a figurar en delitos comunes y no son crímenes de lesa humanidad, es un invento local. “Made in Argentina”.
No es para sentirse orgullosos. Según esta posición, la torres gemelas, Atocha o las bombas en los subterráneos de Londres, no han sido actos terroristas. Hay que reconocerle al actual gobierno, creatividad en materia legal y un 0 absoluto en humanidad.
Y la historia no es tan lineal. El terrorismo asoló la patria y bajo las órdenes de un gobierno constitucional, las FFAA salieron a reprimir como era su obligación. No fue su obligación el golpe de estado, aunque la sociedad lo pedía a gritos (95%), ni fueron su obligación los desaparecidos, ni la entrega de bebés. Pero las FFAA reaccionaron a una acción previa y terrible.
De este hecho no se habla. Cualquiera palabra a favor de las FFAA es estigmatizada. La culpa colectiva no la permite. Hay una teoría que hace una substancial diferencia entre el complejo de culpa y el sentimiento de culpa.
Sostiene la teoría, que el complejo de culpa genera resentimiento, no acepta el perdón del otro ni se perdona a si mismo. Eso termina en venganza, rencor y más culpa, en un círculo infinito que se retroalimenta. Mientras que el sentimiento de culpa es la aceptación de la falta, sumada al esfuerzo de corregir la misma, en la medida de lo posible.
La sociedad argentina sufre un complejo de culpa colectivo que no le deja ver la verdad, que es compleja, tiene dos caras y muchas aristas. Sería bueno que pudiera pasar del complejo al sentimiento de culpa. Que pudiera ver el todo y no sólo una parte. Dice el diccionario que culpa es, la acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.
Pero hay una esperanza. Arturo Larrabure, el hijo del mártir, consiguió a través de un dictamen del fiscal general Claudio Palacín, que el asesinato del Coronel (post mortem) Argentino del Valle Larrabure, fuera considerado delito de lesa humanidad.
El procurador general de la nación Esteban Righi no aceptó el dictamen. Pero ahora el juez del Juzgado Nº 4 de Rosario, Marcelo Martín Bailaque, rechaza el planteo de nulidad y prima facie acepta que ha sido un crimen de lesa humanidad. Fue un horrible, imperdonable crimen de lesa humanidad. Reconocerlo es impostergable.
Se llamaba “Argentino”, hizo honor a su nombre. Murió cantando el himno nacional, hizo honor a su patria. Esperemos que la justicia de su patria, le haga honor.
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