DESAPARECIDO

Por Malú Kikuchi
22/9/08

 
El 18 de septiembre 2006, Jorge Julio López, albañil jubilado, 76 años, desapareció. Fue un lunes. Se lo vio por última vez alrededor de las 9 y media de la mañana, saliendo de su casa de Los Hornos, barrio de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Y nunca más. 

      Nunca más se lo vio, según la versión oficial. Hay otras versiones que el poder judicial ha desechado o no ha tenido en cuenta. 

      Jorge Julio López, al decir de sus hijos, Irene, Rubén y Gustavo, “Jamás militó en ninguna organización subversiva”, y “su concurrencia a una unidad básica del PJ de La Plata, se debió a actividades sociales y comunitarias”. De todos modos, fue “chupado” en tiempos del Proceso y sobrevivió para contarlo. 

      Durante el juicio al comisario Miguel Ángel Etchecolatz, JJ López fue un testigo de importancia, no el único, ni aquel que decidió la condena de por vida del comisario, pero si fue un testigo singular.  

      Terminado el juicio, el día que iban a darse a conocer los fundamentos de la condena, camino al tribunal, López desapareció. Vale la pena aclarar que habiendo testificado en contra de Etchecolatz,  López no tenía custodia. Aparentemente al Estado no le preocupaba demasiado el estado del testigo. 

      Y el 18 /9/06, en plena democracia, a la luz del día, a vista y paciencia de cualquiera, López desapareció. JJ López  se desvaneció, se esfumó, se evaporó, se disipó. En un acto genial, único, con la colaboración de Mandrake, David Copperfield y Harry Potter, todos juntos y sumados, JJ López, desapareció. Hasta el día de hoy, y han pasado dos años. 

      Una vez más, el Estado falló. Sin embargo, no falló con los sospechosos secuestros de Gerez y Puthod; en los dos casos, sospechosamente los “secuestrados” aparecieron en los lugares y momentos apropiados. No sucedió lo mismo con López. Llama la atención. 

      Una vez más, el Estado falló. Y este es un gobierno tan convencido del poder omnímodo que detenta el Estado, que sostiene que sólo los delitos cometidos por el Estado en contra de los DDHH pueden ser considerados de lesa humanidad.  

     Para el gobierno actual, los delitos contra los DDHH cometidos por particulares nunca pueden ser considerados de lesa humanidad. Teoría contraria a la del resto del mundo que insiste en que los actos cometidos por el terrorismo, provengan de donde provinieren, son considerados actos de lesa humanidad. Como las Torres Gemelas o Atocha, por nombrar algunos actos terroristas no respaldados por ningún estado. 

     Este gobierno, dueño de un Estado con superlativos poderes y controles de todo tipo, no pudo impedir que “desaparecieran” a un testigo importante. Este gobierno que dice defender los DDHH, por lo menos los de un lado, y ése es el lado de López, no pudo, no supo o no quiso defender a López.  

     Según los gobiernos, nacional, provincial y municipal, los responsables de la “desaparición” de López, son miembros de la llamada “mano de obra desocupada”, personas que obedecen órdenes de Etchecolatz, de ex militares del proceso y de policías de la bonaerense. 

     Esa es la versión oficial. Si hay una versión oficial, por lo menos debe haber otra que no lo es. Si el gobierno todopoderoso está convencido que fue mano de obra desocupada, ¿cómo es posible que no la hayan ubicado a lo largo de dos años?  

     Si la “mano de obra desocupada” todavía está vigente y puede cometer actos de “desaparición” de personas, y es responsable según el gobierno del secuestro de López, ¿cómo no ha averiguado, con todos los resortes de que dispone, quiénes son, dónde se reúnen, quién les da las ordenes, cómo y a través de qué y de quienes se comunican, quién y cómo los financian? 

     De seguir existiendo y actuando con  tanta libertad, con una logística sólida y afiatada, ¿como es posible que los gobiernos de la Nación, de la Provincia y el de La Plata, sumadas las Fuerzas de Seguridad con que cuentan, no hayan podido descubrir nada sobre la desaparición de López? 

     Curioso. Lo real es que Jorge Julio López desapareció hace ya dos años y nunca más se supo nada de él, oficialmente. Hay denuncias concretas de personas que juran haberlo visto después del 18/9/06, denuncias que constan en la causa judicial y han sido desestimadas. 

     Pero supongamos que la versión oficial es la correcta. Supongamos que no han sido ni los organismos de DDHH ni el propio gobierno los responsables de la desaparición, supongamos que nadie tenía miedo de que López flaqueara en sus declaraciones, que se contradijera, que olvidara algo que debía decir o que contara algo que no debía contar, supongamos.  

     Es difícil de aceptar. El gobierno todopoderoso, el único según su propia versión de los hechos, capaz de cometer delitos de lesa humanidad, con todo su poder y con todos sus recursos, no pudo, no puede averiguar qué pasó con Jorge Julio López. Es difícil de creer. Es más difícil de aceptar. 

     Exigimos la aparición con vida de Jorge Julio López.  Y exigimos una pormenorizada y creíble explicación de los hechos. Será Justicia.  

     Según el diccionario, “desaparecido”  se dice de una persona que se halla en paradero desconocido sin que se sepa si vive.

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