"EL RIESGO MORAL"

Por Malú Kikuchi
5/10/08

 
En tiempos turbulentos, donde la economía de los EEUU tambalea y de paso hace tambalear las economías del resto del mundo, la discusión sobre el “riesgo moral” (moral hazard) es tema casi excluyente. 

¿Qué es el riesgo moral? El concepto nace en el siglo XVII, cuando las compañías de seguros navales, aseguraban por sumas enormes los barcos que transportaban valiosas mercaderías hacia Inglaterra. Los seguros eran tan altos, que a veces los barcos naufragaban sólo para cobrar el seguro. 

      Desde entonces, el concepto de riesgo moral se extendió al resto de la economía. La metáfora más simple es la de un trapecista que se arriesga más de lo aconsejable, porque sabe que debajo tiene una red.  

      Si el trapecista cae, la red lo contiene. Puede que salga un poco machucado por la caída, pero sobrevive. La que se rompe o no sirve más, es la red.  

     Si el rescate de los responsables del actual descalabro económico (unos pocos individuos), además de recibir una descomunal ayuda de parte del estado americano (o sea de muchas personas que pagan sus impuestos), no se acompaña con algunas leyes que castiguen a los que se arriesgaron más allá de lo razonable, el hecho de jugar con el dinero de la gente, se volverá a repetir. 

     Quizás ha sido imprescindible, para evitar males mayores, que el estado americano haya actuado como prestamista de última instancia. Pero “el riesgo moral” (económicamente hablando) ha ganado la partida y por ahora no se ha castigado a los culpables.

     ¿Qué pasa si “el riesgo moral” se aplica a la política? ¿Qué pasa si “el riesgo moral”  convierte a los posibles votantes en rehenes de los que digitan el poder y disponen del sistema electoral? 

     Los resultados son lamentables.  

     Existe un informe del Banco Mundial  sobre “Políticas de Juventud en Argentina”, que se dio a conocer (con deliberada poca difusión) la semana pasada. 

      Dice el informe que la vida debe ser un armónico desarrollo que comienza con una infancia contenida, querida, bien alimentada, bien educada y debidamente vacunada. Esa infancia debe dar paso a una adolescencia también contenida, querida, bien educada y con esperanzas de un futuro siempre mejor. Así se llega a ser un adulto pleno, útil a sí mismo y a la sociedad. 

     Pero el 46% de los jóvenes argentinos entre 15 y 24 años tiene “altas probabilidades de involucrarse en conductas de riesgo”. De acuerdo al diccionario, riesgo es: contingencia o proximidad de un daño. 

     El 46% representa a 3 millones de jóvenes argentinos. De ese 46%, el 31%  ya tuvo conductas de riesgo, el 15% está por entrar. La razón reiterada, casi excluyente de estas conductas,  se debe a una temprana deserción escolar. 

     Los chicos dejan el colegio y no encuentran o no buscan trabajo. Están inactivos. La inactividad los lleva a la droga o al alcohol o a ambos. El 20% de estos jóvenes están alcoholizados. Para conseguir dinero, delinquen. Son víctimas frecuentes de accidentes de tránsito. 

     Una actividad sexual irresponsable los enfrenta a la procreación adolescente, con los gravísimos problemas que esto conlleva (bebés abandonados o escasamente alimentados o abortos clandestinos en  condiciones absolutamente insalubres con grave riesgo para la vida de la madre) y/o enfermedades de transmisión sexual, todas ellas, con peligro de muerte. 

     En Misiones y en el Chaco hay más de 100 nacimientos cada 1.000 adolescentes. Tasas iguales sólo se dan en África. 

     El VIH/ SIDA entre estos jóvenes es 200% más alto que entre los jóvenes uruguayos y chilenos de la misma edad. 

     De los jóvenes todavía escolarizados, un tercio está atrasado en sus estudios. 

     Chicos entre 7 y 14 años: 1 de cada 10 es obligado a trabajar y no estudia. Al mismo tiempo el desempleo en los jóvenes triplica el de los adultos. Si el estado no invierte en la juventud, se pierde esta generación y se condena a la próxima a la desigualdad y la pobreza.  

     Concluye el informe del Banco Mundial aclarando que estos jóvenes carecen de participación cívica y no les importa. 

     ¿Y porqué habría de importarles un sistema que no sólo no se ocupa de ellos, sino que los usa cada vez que hay que votar? 

     El estado argentino es incapaz de retener a los chicos en las escuelas y la ley dice que es obligatorio. El estado permite que los maestros hayan dejado de ser tales a fuerza de contar con escasas herramientas, estar mal pagos, y teniendo que enseñar programas antiguos y fenomenalmente aburridos.  

     El estado argentino corre con ventaja. Decía Ezequiel Martínez Estrada, “si el caballo piensa, se acabó la equitación”. Una juventud perdida, con un 46% desentendida de todo lo que tenga que ver con la política, ¿no es acaso el equivalente “al riesgo moral”, cuando llegan las elecciones?  

     A los jóvenes no les importan las elecciones; el gobierno les regala un electrodoméstico,  o les da una jubilación para el abuelo, o $50 (hay inflación, antes eran $20), más  alguna promesa y el voto ya está en la urna. 

     Cada elección que pase será peor. El 46% seguirá en aumento y un día de estos será el 60%. Esto no es una democracia, es “el riesgo moral” perfecto para los que manejan el poder. A estos trapecistas del estado, la red no les falla nunca. 

     ¿No habrá llegado el momento de quitar la red, de dejar de sociabilizar las pérdidas para que unos pocos se queden con el gobierno? No habrá llegado el momento de quitar la red y que los que tienen que hacerse cargo de pagar la fiesta, la paguen? 

      Como siempre, de nosotros depende.


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