Por Malú Kikuchi
10/8/09

El resultado de las elecciones legislativas del 28/6/09, ha dejado mal parados tanto al gobierno como a los opositores. Los primeros no esperaban ni estaban preparados para perder y los segundos no esperaban ni estaban preparados para ganar. El resultado del resultado, es el desconcierto.
Que el gobierno y los opositores estén desconcertados, en este particular momento difícil para el país y para el mundo, es peligroso. Es peligroso para el gobierno y es peligroso para los opositores. Es aún más peligroso para la gente.
Si Argentina estuviera contenida por instituciones sólidas, el gobierno presentaría sus propuestas de máxima, los opositores harían lo propio con las suyas, y entre todos llegarían, cediendo un poco cada parte, a un acuerdo intermedio que beneficiaría a la gente.
Eso sería posible si Argentina fuera una república en serio, y si el gobierno tuviera sentido común. Ninguna de las dos premisas, se da. El gobierno no se baja de sus posiciones de máxima y además, chantajea a los opositores con la falta de gobernabilidad.
Este gobierno, que perdió las elecciones, aunque no lo reconozca, está convencido que sólo puede gobernar con facultades delegadas y superpoderes. Restringirse a la Constitución Nacional, se le hace imposible. “Si el congreso no aprueba las facultades delegadas, que se haga cargo de las consecuencias”, dijo la Presidente.
Puede que el gobierno no conozca la Constitución que juró cumplir y hacer cumplir. Puede que no sepa que la república tiene límites estrictos por los que se rige. Puede que no sepa que “la Nación Argentina ha optado para su forma de gobierno por la representativa, republicana y federal”.
Todo es posible en la dimensión desconocida por la que transita Argentina. Si el gobierno realmente desconoce la Constitución Nacional y los límites que impone la república, que los aprenda.
Si no puede gobernar la nación dentro de lo que establece la Constitución, que no gobierne. Lo que no puede hacer es lo que hace, amenazar a los opositores con la falta de gobernabilidad.
Argentina es una republica, o debería serlo, pero el gobierno se maneja y pretende seguir haciéndolo, como si fuera una monarquía absoluta. Se debe gobernar sin facultades delegadas y sin superpoderes. Se puede. Si no sabe hacerlo, no sabe gobernar.
En cuanto a los opositores, que tiemblan ante la expresión “falta de gobernabilidad”, deberían saber varias cosas; la primera es que el chantaje es un delito. La segunda es que la Constitución dice que hay que gobernar sin excepcionalidades, por lo tanto hay que derogar facultades delegadas y superpoderes.
Si el gobierno amenaza con hacerlos responsables de la hipotética ingobernabilidad, los opositores deben ampararse en la Constitución que han de cumplir. El tema es que están demasiado ocupados peleando entre ellos. ¡Basta de divisiones! ¡Basta de egos!
Por ahora, gobierno y opositores, en vez de estar pensando en la gente, que está mal, muy mal, hacen cálculos electorales para el 2011. Imperdonable falta de respeto hacia la gente.
Argentina sufre un 40% de pobres. De ese 40%, el 20% está compuesto por menores de 14 años a los que les faltan gas, agua corriente y electricidad. El paco, la droga en su peor forma, se come el cerebro de los chicos.
El Papa, que no es destituyente ni pretende restarle “gobernabilidad” a los Kirchner, se refiere al “escándalo de la pobreza”. Escándalo que le hace decir a Monseñor Bergoglio que, “hay gente que sobra y que son dejados de lado como descarte en volquetes existenciales” (San Cayetano, 7/8/09). En Argentina, hoy.
Hay argentinos que mueren de hambre y sobran los desnutridos. Las enfermedades de la pobreza hacen pata ancha en el país. La inseguridad mata, secuestra, viola, asalta, roba, y no es una sensación.
La educación pública decae con prisa y sin pausa, ¡en el país de Sarmiento! Los valores no se enseñan, y todo tiene precio. El 66% de los universitarios de primer año, de cualquier carrera, no interpretan lo que leen. Las villas se multiplican. La infraestructura del país sufre un deterioro fenomenal. El INDEC miente los índices de la inflación.
Los impuestazos al gas y a la electricidad, son impagables. Los aumentos a los gremios promedian el 18%. Diputados y senadores se aumentan el 15%, pero a los jubilados se les promete un aumento del 6%, más adelante. ¡Y los políticos se preocupan por el 2011!
El gobierno amenaza con la ingobernabilidad si no le dan piedra libre para hacer lo que le venga en gana, cuando le venga en gana. Sabe que ningún opositor querrá pagar el altísimo costo político de poner orden en el caos nacional.
Julio Cobos ha de rezar día y noche para no tener que hacerse cargo, en una eventualidad constitucional, de este desgraciado fin de fiesta K. Eso arruinaría sus posibilidades presidenciales para el 2011.
Los opositores no quieren ser responsables de un posible e irresponsable acto por parte del gobierno que los amenaza con, “o me dan lo que quiero o no respondo por la gobernabilidad”.
Los opositores tienen que respetar el mandato de la gente que mayoritariamente le dijo no a los K, y a sus abusos. El gobierno debe aceptar gobernar de acuerdo a la Constitución. Cualquier otro tipo de arreglo sería una traición a los votantes.
La gente que sufre las consecuencias de una política demagógica, populista e irracional, habló en las urnas y está observando. La gente espera que sus representantes la representen, no que defiendan los intereses de los políticos.
A la gente no le gustan los chantajistas y tampoco le gustan los que se dejan chantajear. La gente es la que decide: este, si y este, no. La gente existe. La gente vota. Y al congreso nacional le hacen falta convicciones, generosidad, patriotismo y coraje.
Sobre todo, ¡un responsable coraje!
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