Por esas cosas de la vida y de la muerte, Luis XIII falleció en 1643 y su hijo Luis XIV pasó a ser rey a los 5 años. Su madre, Ana de Austria, fue nombrada regente y el que manejó el reino de Francia fue el Cardenal Mazarino, en su rol de primer ministro.
Mazarino murió en 1661 y el joven Luis XIV decidió ser su propio primer ministro y concentrar todo el poder en su persona. “El estado soy yo”. Y cumplió. Estableció un gobierno absolutista.
El absolutismo es una forma de gobierno en la que una persona ejerce el poder con carácter absoluto, sin límites jurídicos, ni de ninguna otra naturaleza.
Luis XIV reinó 73 años, 54 de los cuales ejerció una monarquía absoluta. El “Gran Luis” o el “Rey Sol”, así lo llama la historia. Le dio grandeza y brillo a Francia, también la sometió a 3 guerras terribles. Dejó para la posteridad, Versalles, industrias prestigiosas y un tiempo irrepetible, donde floreció la cultura. Luces y sombras.
Pero era el siglo XVII, el poder era un indiscutible don divino y el pueblo no tenía derechos, ni posibilidad de decidir. Luis XIV rubricaba todas sus ordenes de carácter oficial con un: “Porque es nuestra graciosa voluntad” y debajo firmaba, “Nos, Luis XIV”.
Pero era el siglo XVII, era antes de la revolución industrial, no se habían descubierto los microbios, ni las vacunas, ni la penicilina. Era antes del voto popular y la división de poderes. Era antes que de aparecieran la TV, el celular y las computadoras; el sida y el avión. La libertad era una utopía, y transplantar era cambiar las plantas de lugar.
Hoy, siglo XXI, la gente importa. O debiera importar. El voto de la gente decide. O debiera decidir. Las constituciones tienen peso, los gobernantes juran por ella, juran cumplirla y hacerla cumplir.
En Argentina, la Constitución Nacional es explícita en cuanto a la división de poderes, define con precisión los roles de cada uno de ellos, sus atribuciones y sus limites. Los límites de cada poder llegan hasta las atribuciones de los otros.
El Poder ejecutivo no puede legislar ni juzgar, esos roles les competen al legislativo y al judicial. Todos acatan lo que establece la Constitución Nacional. Así debiera ser, si Argentina fuera el país en serio que declama ser y no es.
La semana pasada, Argentina asistió a hechos incomprensibles y escuchó discursos inimaginables. Entre la estupefacción y el desconcierto, la pregunta es ¿cómo sigue esto?
Todo empezó el 14/12/09, 4 días después de cerrar el congreso, cuando la Presidente firmó el DNU 2010/09, FOBI, para pagar con reservas del Central los servicios de la deuda. Ese pago ya estaba incluido en el presupuesto 2010, enviado por el ejecutivo al congreso (todavía con mayoría K) y fue aprobado en noviembre 2009.
El poder judicial a través de la jueza Sarmiento y luego la Cámara IV, le prohibieron a la Presidente tocar las reservas.
El lunes 1º de marzo, la Presidente dio por inauguradas las 128 sesiones ordinarias del congreso. Mientras les decía a sus legisladores y a los del arco opositor, que daba de baja el FOBI, aclaraba que había firmado otros dos decretos, uno simple y un DNU, el 298/10, FODEAR, (casi un clon del FOBI, pero más prolijo y acotado).
Se burló del poder legislativo, legislando por decreto, mientras habilitaba a diputados y senadores a legislar. Por si fuera poco, mientras lo hacía, y a espaldas del congreso, desde el Banco Central se traspasaban reservas a una cuenta a nombre del gobierno.
Una burla grotesca hacia el poder legislativo y hacia el poder judicial. Un desprecio absoluto por la Constitución y los ciudadanos.
Para completar una semana alucinante, el jueves 4/3/10, una desacatada Presidente, tuvo a bien aclararle al país que no pensaba obedecer a ninguna jueza que le prohibiera pagar deuda con reservas.
En este caso se trata de la jueza Claudia Rodríguez Vilar, quien prohibió tocar las reservas (ahora a través del FODEAR). La Presidente, que ha perdido completamente las formas más elementales de la convivencia, osó meterse con la vida privada de la jueza, hablando por cadena nacional.
Aunque no sea abogada (¿lo es?), debe haber leído la Constitución Nacional, cuyo artículo 19 es muy preciso al respecto: “las acciones privadas de los hombres, que de ningún modo ofendan al orden o a la moral pública, […] están sólo reservadas a Dios […]”.
¿Por qué tanto interés en pagar los intereses de la deuda de parte de este gobierno progre? Si pagan con reservas, la plata destinada al pago de la deuda en el presupuesto puede ser usada por el ejecutivo como mejor le parezca. Y son muchos millones de pesos. ¡Caja!
El resumen de tanto disparate es simple: la Presidente ha decidido que el cumplimiento de la ley, en cuanto a ella se refiere, es optativo y que los poderes legislativo y judicial, no tienen nada que hacer en su gobierno. Es suficiente ser la cabeza del ejecutivo ya que: “La Presidente soy YO”. ¡Por lo menos Luis XIV decía “nos”!
La irracionalidad llevada a estos extremos, es imposible de calificar. La pregunta crucial para Argentina sigue siendo: ¿esto cómo sigue? Si la Presidente no va a acatar las leyes que emanen del congreso, ni los fallos dictados por el poder judicial, ¿cómo piensa gobernar? ¿Por decreto, vetando leyes y desacatando ordenes judiciales?
El absolutismo es inviable en la Argentina del siglo XXI. Si la Presidente (+ Néstor) no sabe, o no quiere o no puede negociar con el arco opositor, ¿está buscando ser una “víctima” a través de un posible juicio político que la deponga? ¿Está intentando renunciar, diciendo que no la dejan gobernar?
Parece difícil. Al matrimonio presidencial le gusta demasiado el poder para abandonarlo sin dar una durísima pelea. Además, quedarse sin fueros es peligroso, las denuncias en contra de la pareja y sus allegados, aumentan todos los días.
Lo más probable es que adelanten las elecciones, como ya lo hicieron en junio/09 y anulen las internas partidarias. Medidas que descolocarían al arco opositor y dejarían a los K, en una posición más favorable.
Habría que condenar a la Presidente a completar su mandato hasta el 10/12/11), aunque eso implique condenarnos a soportar este insoportable desastre nacional. Puede que así, los argentinos aprendamos a valorar las instituciones y con suerte, aprendamos a votar.
P.D. A pesar del absolutismo ejercido por Luis XIV durante más de medio siglo, antes de morir, dijo: “Me voy, pero el Estado permanecerá siempre”. Estaría bueno que la Presidente tuviera “la graciosa voluntad” de leer esta frase, entenderla y aceptarla.