CONSTRUYAMOS EL PARTIDO

por Diego Guelar
24/6/09

           El 28 de junio se cierra una fase política importante: el fin del ciclo kirchnerista y comienza otro : el de la puja por definir el futuro del sistema democrático.

           Podría acotarse – en términos del pasado que no debería repetirse – como la mera  “sucesión del kirchnerismo”. En estos términos se anotan Scioli, Massa, Reutemann, Romero, De la Sota, Busti, Gioja, Das Neves y todos aquellos que, linealmente, participaron con el mismo entusiasmo del “modelo neoliberal” de Menem y del “modelo productivista” de Kirchner. Tanto uno como el otro eran herederos de la base social que alimentó históricamente al Peronismo, pero sin el encuadramiento histórico, político y social que le diera sentido: la Guerra Fría, el nacionalismo autárquico y un “tercerismo desarrollista” que aunaba el pensamiento económico de Cafiero, Frigerio y Gelbard.

      Esta conjunción permitió que, durante 50 años, nacionalistas, cristianos y marxistas pudieran “alimentar” el movimiento político conducido por Juan Perón basado en un trípode (Estado – empresarios – trabajadores) que se describía como “la Comunidad Organizada”.

      Sin la puja de los  bloques americano y soviético, con una burguesía nacional débil que prefería la evasión impositiva y la fuga de capitales, con una dirigencia sindical prebendaría y corrupta y una dirigencia política oportunista y “pragmática”, el “modelo peronista” perdió sustento y arrastró en su caída a su socio funcional, la Unión Cívica Radical.

      La “originalidad argentina” de esquivar los modelos bipartidarios (centro-izquierda y centro-derecha) sustituyéndolos por una superficial puja entre el “sindicalismo populista” y el “progresismo vacuo” generó un distanciamiento con los modelos imperantes en Chile, Uruguay y Brasil que pudieron ser exitosos basados en la sólida construcción partidaria, la reconstrucción del Estado, la responsable participación inversora del sector privado nacional y extranjero, y el aggiornamiento de las estructuras sindicales.

      Así Fernando H. Cardozo, Ricardo Lagos y Julio Sanguinetti, prepararon las condiciones para la continuidad con Lula, Bachelet y Vázquez, sin que se produjera crisis ni retroceso durante los 90’s y la primera década del siglo XXI.

      “Unión-PRO”, heredera del  inicial “Compromiso para el Cambio”, está produciendo su tercer hecho histórico en sólo siete años: el primero, su fundación en el 2002 coincidiendo con una crisis institucional comparable a la de 1890 (nacimiento de la UCR) y la de 1945 (comienzo del Peronismo). El segundo, el triunfo en las elecciones porteñas de junio del 2007 y, actualmente, el conformar una fuerza política capaz de competir y, eventualmente, derrotar al kirchnerismo en la Provincia de Buenos Aires. En ambas hipótesis  - ganar o salir segundo por escaso margen  - su peor error sería identificarse mecánicamente con el proceso Menemista-Kirchenerista de adaptación pendular y sucesión mecánica como propuesta de “nuevo” maquillaje formal sin autocrítica ni reorganización política, programática e ideológica.

           La supuesta “muerte de las ideologías” no es más que la forma de presentación del “pragmatismo sin valores”, que, en caso de repetirse, garantiza  la recurrencia de crisis futuras.

      Tenemos de aquí al 2011 la oportunidad de formular, centralmente a la base social del peronismo, una nueva propuesta partidaria que permita construir una fuerza humanista, centrista y democrática que demuestre su vocación llamando a la afiliación y comprometiéndose públicamente a elegir sus autoridades partidarias y cargos electivos en primarias a realizar en el segundo trimestre del 2011.

      Cuando hago referencia a “orientar” nuestra afiliación, no excluyo la participación de independientes (hoy la mayoría del espectro electoral) ni de otros orígenes partidarios, sino que parto de la premisa que la Coalición Cívica, el Socialismo y la UCR harán algo parecido para dirimir sus candidaturas futuras (Carrió, Cobos y Binner).

      En nuestro caso, Macri y De Narváez  deberían ser la punta de  lanza de esta propuesta y no pretender volver a reproducir el “internismo peronista” que, el mismo De Narváez, pese a su novel y exitosa trayectoria, ha recorrido y padecido.

      Las derrotas seguras del Justicialismo en Mendoza, Córdoba y Capital y sus márgenes acotados en Provincia de Buenos Aires y Santa Fe, son la oportunidad para profundizar en un proceso de renovación y organización partidaria.

      Seguramente muchos dirigentes peronistas encontrarán en nuestra propuesta una oportunidad de “reciclarse” y esto no es negativo en la medida que muchos más lo vivan honestamente como forma de expurgar sus errores del pasado y aún muchos más se incorporen a nuestras filas superando la indiferencia cómplice o la frustración ante la imposibilidad de poder actuar desde y para la política.

      Seguramente hay y habrá atajos más eficientes. Seguramente serán individualmente más redituables.

Aceptar el desafío fundacional, en esta oportunidad, no es una opción sino un deber.


Diego R. Guelar
Secretario de Relaciones Internacionales de PRO

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CONSTRUYAMOS EL PARTIDO 2

Tentaciones equivocadas 

      Un error tentador, es el planteo de las “2 ventanillas”. La pregunta sería la siguiente: ¿Por qué no trabajar en paralelo - por un lado, la interna justicialista; por el otro, desarrollar PRO?

      La gran fuerza de la propuesta Unión–PRO como instrumento único es justamente la del impacto de la dupla Provincia–Capital y la capacidad de reclutar referentes provinciales importantes que quieran subirse al barco en todo el país.

      La condición indispensable es la unidad del discurso Macri–De Narváez tanto para el reclutamiento – afiliación – como para la concreción de alianzas.

      Formular una propuesta nacional, es el segundo requisito para conformar una nueva identidad capaz de despertar la participación ciudadana en la construcción de un partido ganador.

      El tercer elemento, es la capacidad movilizadora. No alcanza con el marketing guionado o las “photo opportunities”; es indispensable atraer a sectores sociales que expresen físicamente (actos, marchas, caravanas) su voluntad de cambio.

      El cuarto elemento, es concretar el compromiso expreso de personalidades de la industria, el agro, los sindicatos, la cultura, etc., que asuman públicamente la identidad Unión – PRO.

      Si los caminos se bifurcan - PRO, por un lado; Unión, por el otro – ambos se debilitan.

      Mauricio quedaría aislado en la Capital y Francisco se enlodaría en una interna confusa y prolongada que alimentaría el argumento Pan-Radical: “Ahí están los peronistas todos juntos de nuevo”.

      Nosotros debemos construir una alternativa para los peronistas e independientes que no quieren repetir las experiencias del pasado. 

Afiliación:

      Proponer la afiliación es justamente el procedimiento para construir la nueva identidad propuesta.

      Esta afiliación va desde la individual de base, pasando por la “grupal” (pequeños partidos) a los referentes públicos y sociales.

      Debe tener objetivos claros: por ejemplo, alcanzar los 230.000 afiliados para mayo del 2011 (30.000 en la Capital, 100.000 en Provincia de Buenos Aires, 100.000 en el resto del país). Este objetivo es realista y alcanzable. En el período 2011-2015 deberíamos llegar a los 450.000 afiliados en todo el país.

      El PT brasilero tiene 800.000 afiliados, lo mismo que el PAN mejicano o el PP español. Considerando nuestra población, el número propuesto es más que razonable. 

Ideología y programa:

      Para que los ciudadanos y ciudadanas sepan a qué partido se afilian, debe armarse un decálogo de principios y propuestas simples y entendibles (sobre los cuales se hagan luego desarrollos más detallados y técnicos) así como símbolos partidarios (himno, bandera, camiseta) que faciliten su comunicación y expansión por todos los medios disponibles (desde pancartas de tela hasta internet).

      Debe utilizarse la identidad internacional con Renovación Nacional (Piñera) en Chile, el PAN (Calderón) en Méjico, el Partido de la U (Uribe) en Colombia, los Democratas y el PSDB en Brasil, el PP en España y la UDC en Alemania.

      Tenemos que definir un “Humanismo Progresista” que pueda abordar los temas más conflictivos sin rehuir el debate – privatizaciones, fondo de desempleo; jubilaciones, planificación familiar, integración regional, coparticipación federal, etc.

      Construir un sentido de pertenencia en un “pulmón duro” de 200 a 500 mil personas es disponer de los predicadores de una nueva fe laica de la cual deben surgir los cuadros partidarios propios (además de aquellos que se recluten en la sociedad civil).

      Estos breves elementos expuestos son el ABC de la construcción partidaria en Occidente. No tenemos nada para inventar. Sólo falta la decisión política de hacerlo y los pasos fundacionales ya se han dado. Sólo nos falta descartar el cortoplacismo y el oportunismo, enfermedades culturales que padecemos, igual que la sociedad a la que pertenecemos.

      La posibilidad del amanecer se reproduce con cada giro de nuestro planeta. Pasa lo mismo con las  posibilidades de cambiar. Hagámoslo.

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CONSTRUYAMOS EL PARTIDO 3

Modelos fallidos

      El único gran partido argentino es la Unión Cívica Radical. Sólo 8 nombres jalonan 120 años de historia: Alem – Irigoyen – Alvear – Lebensohn – Balbín – Frondizi – Illia – Alfonsín. Transitaron la lucha armada, el gobierno, la abstención electoral, la proscripción y el fraude, pero siempre tuvieron un alto sentido de las instituciones y la república. Llegaron a incorporarse a la Internacional Social-Demócrata (Alfonsín fue vicepresidente de esa organización) en 1990 y, después de su crisis en 1989, recuperaron por dos años el poder entre 1999 y el 2001. En el 2003 sacaron 2% de los votos en la elección presidencial.

            Inventaron  la clase media urbana, fueron fieros opositores y mediocres gobernantes y se llevaron muy mal con los trabajadores y los industriales.

      El justicialismo no fue nunca un partido político organizado como tal. Su concepción “movimentista” (hoy  lo llamaríamos “espacio”) relegaba el partido a un mero “instrumento electoral”; se le negó siempre el rol organizativo, ideológico y programático y se colocó por encima y/o al costado de las instituciones liberales de la Constitución. Consideraba a esas instituciones como patrimonio de la “anti-patria” y la “oligarquía” que eran sus enemigos históricos. La absoluta hegemonía gubernamental – 1945-1955 -, y la proscripción – 1955-1983 – marcaron su falta de apego a la Constitución, y su “tercerismo ideológico” le facilitó el practicar una pendular trayectoria de izquierda a derecha, de la democracia a la dictadura y de la lucha armada anti-sistema a la más absoluta colaboración con el régimen militar. En 1995 se incorporó formalmente a la Internacional Demócrata Cristiana. El abrupto giro producido durante el Menemismo (privatizaciones masivas, dolarización, indultos) duró lo que la bonanza y terminó en otro giro brutal dado por los KK’s.

            Su impronta principal fue el privilegiar la “Justicia Social” por encima de las cuestiones institucionales. Diferenciaba la “Democracia Real” de la “Formal”. Este  argumento es usual en los gobiernos autoritarios que suelen justificar sus abusos con los supuestos “justos Fines”.

      Tanto el “Modelo Radical” como el “Peronista”, si existieron, fracasaron y eso nos fuerza a encarar una etapa fundacional que debe contemplar –pero no someterse- a la cultura política global y las 2 sub-culturas (primero, unitarios y federales, luego conservadores y radicales y, por último, radicales y peronistas) que se fueron produciendo a lo largo de 200 años de existencia independiente.

      El espectáculo no empieza nunca cuando uno llega. La política es una reinterpretación constante de la historia y su riesgo permanente es ignorarla.

      Un dato a considerar es que, hasta hace 10 años, un 55% de la población consideraba “pertenecer” a una de las dos fuerzas (35% al Justicialismo, 20% al Radicalismo) lo que era un porcentaje extraordinariamente alto. En la actualidad, la inmensa mayoría de la población se considera “independiente”.

      La pérdida de estas identidades genera un serio deterioro en el nivel de politización masiva y eso se detecta con claridad en los “focus groups”. Así se multiplica la máxima de Marshall Mc Luhan: “El mensaje es el medio”. La tentación de sustituir la política y su instrumento central – el liderazgo – por la publicidad y el marketing es una opción posible pero condenada a funcionar sólo en el corto plazo. 
 
 

Propuesta Superadora

      La Argentina contemporánea – la de los últimos 30 años -, básicamente la post-Peronista, ha generado hombres y mujeres muy destacables por su inteligencia, compromiso y capacidad de trabajo.

      Empezando por Menem y Alfonsín, siguiendo por Nosiglia, Manzano, Grosso, Ruckauf, Bordón, Álvarez, Fernández Mejide, Carrió, Puerta, Corach, Toma, De la Sota, Reutemann, Ortega, Di Tella, Caputo, Terragno, Cavallo, Lavagna, Binner,etc., etc., etc (terminando en Néstor y Cristina).

      Todos y cada uno de ellos construyeron una “fantasía presidencial” y un proyecto providencial que los tenían como el centro ineludible de la historia. No hay proyecto estratégico sustentable desde una persona por más eficaz que sea su  corte  de colaboradores y supuestos admiradores.

      El modelo individual es para rock-stars, animadores televisivos y otras variantes de las artes, las letras, las profesiones liberales o algún proyecto empresarial transitorio.

      En nuestra región se dieron varios casos: Fujimori (Perú), Collor (Brasil), Mahuad (Ecuador), Sánchez de Lozada (Bolivia) y Wasmosy (Paraguay). Más allá de lo que se hayan llevado de las arcas oficiales, ninguno pasará a la historia salvo por sus condenas penales.

      Hoy, Unión – PRO, tiene la oportunidad de encabezar una gesta histórica que la mayoría de los argentinos desea.

      No podemos hacerlo solos. El sistema necesita – igual que el tango – dos protagonistas. Pero si nosotros damos – desde la centro-derecha -  el ejemplo, seguramente la centro –izquierda nos seguirá los pasos. Así veremos nacer otro colectivo desde el incipiente ACUERDO y, más allá de Binner, Cobos, Carrió, Sabatella, Juez, Solanas y Heller, deberá aparecer un PSOE argentino que pueda darnos batalla y, ocasionalmente, igual que nosotros a ellos, pueda vencernos.

      Esa Argentina, con alternancia, previsibilidad, integrada al mundo de las ideas y al flujo de las inversiones, el comercio y las innovaciones tecnológicas, será la Argentina que disfrutarán nuestros hijos y nietos.

      En no más de 20 años será posible construirla. No creamos en los atajos ni los mesianismos individuales. Los que tenemos entre 40 y 60 años sólo podremos abrir el camino al futuro. Conformémonos con esta magnífica tarea y manos a la obra.

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CONSTRUYAMOS EL PARTIDO 4

El mito (y la realidad) peronista 

      Menem obtuvo en 1989 el 47% de los votos; él mismo obtuvo 52% en 1995; en 1999 Duhalde descendió al 38% pero en el 2003, las tres fracciones peronistas (Kirchner, Menem y Rodríguez Saá) obtuvieron el 60%; el 28 de junio esa cifra se elevará, probablemente al 65% (entre Kirchner, los oficialistas y “los disidentes”: De Narváez, Reutemann, Schiaretti, Verna, etc.)

      El “riñón duro” del Peronismo nunca fue superior al 35%. ¿De dónde proviene el 30% adicional? Son independientes más los titulares del “voto útil” que asumen la interna peronista como el “único instrumento de cambio”.

      El mito se encarna en la realidad. La sub-cultura peronista es la cultura hegemónica y su máxima conclusión es: “Sólo desde el Peronismo se gobierna la Argentina”.

           Así lo pensaron los demócratas cristianos, los nacionalistas, los conservadores populares, socialistas, marxistas y liberales que practicaron el “entrismo”; es decir “hacerse peronistas para, desde allí, alcanzar el ansiado poder”.

           Pero este procedimiento no es gratis. Exige abandonar las convicciones propias y adoptar una serie de clichés que rememoren una “Argentina justa, libre y soberana” con una distribución del ingreso igualitario entre el capital y el trabajo gobernada por un “movimiento Nacional” que debe enfrentar a los “entreguistas” disfrazados de republicanos y liberales.

      Los radicales de diverso cuño (desde el efímeramente exitoso Alfonsín hasta los actuales López Murphy, Carrió o Cobos han pretendido – y pretenden – derrotar al Peronismo desde los gestos que, la sub-cultura hegemónica – el Peronismo – rechaza mecánicamente.

      El Peronismo disidente repite el procedimiento que, en su momento utilizara la “renovación” cafierista para derrotar a Herminio Iglesias, luego Menem para derrotar a Cafiero, luego Duhalde para derrotar a Menem y finalmente, Kirchner para derrotar a Duhalde. Lo extraordinario de este “travestismo político” es que el resultado es siempre el mismo: una dirigencia enriquecida y un pueblo empobrecido. Siempre más clientelismo y corrupción con menos república democrática. Así lo que se disputa es LA SUCESIÓN y no EL CAMBIO.

      Unión-PRO ha hecho una verdadera cruzada. Ha combatido a Kirchner desde el Pan-Peronismo sin proponer Peronismo ni “peronizando” la campaña. Ha hecho lo que debía hacer. Y está ganando.

      ¿Es posible modificar la cultura política argentina? Los rusos terminaron con Stalin, los chinos con Mao, los indios con Nehru. Lo hicieron con honores, pero son el pasado.

            En nuestra región, Fernando H. Cardozo y Lula enterraron el populismo Varguista y construyeron- desde el mismo tronco- dos partidos: el PT y el PSDB que hoy disputan democráticamente; los chilenos superaron el histórico enfrentamiento entre derecha (que enterró su pasado Pinochetista) e izquierda (que terminó con el marxismo) y los uruguayos podrán elegir un presidente tupamaro que consolidará el sistema capitalista (después de tomar la conducción del Frente Amplio y empujar a una alianza forzosa a los Blancos y los Colorados en la segunda vuelta).

      Nosotros también podemos hacerlo. Es cierto que no lo haremos desde el “anti-peronismo” (ver todos los casos mencionados) pero tampoco podremos hacerlo desde “la interna peronista”.

      Desafiar la lógica Cafiero-Menem-Duhalde-Kirchner es construir un partido nuevo que rescate las mejores tradiciones y entierre las peores. Es imprescindible un nuevo padrón partidario, es fundamental abrir el debate para que las ideas liberales y las nacionalistas puedan fluir juntas abandonando la eterna discusión del “modelo” o el “proyecto”.

      Consolidando un partido de centro-derecha, forzaremos a la izquierda a hacer otro tanto y así los partidos podrán cumplir con el rol que les fija la Constitución Nacional, que es el verdadero proyecto de una Argentina mejor.

      El 28 no cometamos el pecado de cumplir la “profecía autocumplida” de sumergirnos en el pasado y, mucho peor, la de dividirnos demostrando así que somos incapaces de construir una opción posible.

      Mauricio Macri y Francisco de Narváez marcharon  juntos cuando nada los asociaba a la administración del bien común.

      Hoy, los une la historia. Que no los dividan los alcahuetes ni el personalismo o el egoísmo.

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