22.000 MENTIRAS

  • Omar López Mato

    La enseñanza de la Historia está llena de inexactitudes, exageraciones y simplificaciones que llegan a la mentira. Muchas veces se cae en estos excesos para construir la identidad nacional, aunque a nadie le importe si la verdad muere en el camino.

    La construcción del ideario nacional está repleta de estas exageraciones que nos inculcan desde nuestra más tierna infancia. Al final estas afirmaciones parecen ser verdades inamovibles que resisten el análisis riguroso, pero cuando examinamos estas historias con ojos críticos nos percatamos que Mariano Moreno no era un iluminado, San Martín no era un santo, y Rivadavia se quedó con algunos vueltos…

    La historia que llega al común de la gente es la consagración de un relato para ungir ángeles y demonios. Nos guste o no, la teoría de los dos demonios es parte de nuestra grieta cultural.

    En esta última década han tratado de imponer al público una historia tuerta y renga. A pesar del “Nunca Más”, a pesar del número consignado en el  Monumento a la Memoria, un grupo defiende su versión: hubo 30.000 desaparecidos. A pesar del tiempo transcurrido, sigue esa “juventud maravillosa” embanderando sus 22.000 mentiras y la chorra de Cristina (¿le cabe otro apelativo?) sube la apuesta con la mentira y el curro de los DD.HH.

    Es verdad que seguir dividiendo a la sociedad 40 años más tarde, es como hacer un paro por las víctimas de la Mazorca (que fueron por lo menos 2.000 en un país que no llegaba a los 2.000.000 de habitantes, un porcentaje semejante a los 30.000, en un país de 28.000.000 de habitantes).

    No hay que olvidar, pero tampoco se puede vivir mirando atrás.

    Llega un momento en que la sociedad debe curar sus heridas y dejar de lamentarse por el pasado. Hay muchas barbaridades cometidas en los últimos tiempos como para dirimir lo que transcurrió hace 40 años. Si nos dejamos enfrascar en esta discusión solo logran distraer la atención de lo que estamos sufriendo.

    Por eso, el 24 de marzo, el Día de la Memoria, deben recordarse las víctimas de los excesos en la represión y también las víctimas de la subversión (17.000 entre muertos y heridos). Deben recordarse las víctimas inocentes muertas en atentados, los caídos en acción (como los soldados formoseños, que no recibieron un peso), y preguntarnos cuánta plata fue a manos de quién y por qué razones. ¿Eran todos idealistas los que fueron recompensados con más de 1.000 millones de dólares?

    En el Día de la Memoria no solo debe recordarse el horror de la ESMA, sino las barbaridades de la Tablada (un atentado cometido en plena democracia). Además de Videla y Massera, se debe recordar a López Rega, a Isabelita, a Luder y a Cámpora, personajes que por su ineptitud hicieron posible el quiebre democrático e institucional del país.

    En el Día de la Memoria es muy bueno recordar que en su discurso de enero del ’74, fue el mismo Perón quien expresó la obligación de “aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal”, y Luder quien confirmó, “el aniquilamiento de los subversivos”.

    Al 24 de marzo se llegó por la enorme corrupción de un gobierno peronista que se prendió de los jóvenes idealistas con los que llegó al poder como su brazo armado y después se dedicó a destruir las instituciones y a robar.

    Que el 24 de Marzo sea el Día de la Memoria de todos. De Norma Arrostito y los hijos del capitán Viola; de Santucho y del coronel Ibarzabal.

    Que el 24 de Marzo también sea el día para recordar que debemos preservar las normas democráticas. Es el día para no olvidar que se debe mantener la integridad de las instituciones.

    El 24 es el momento para pensar que no se puede bastardear los sistemas de control del Estado. Las democracias no solo se derrotan con golpes de Estado, las democracias se destruyen con el populismo, la corrupción, las prebendas electoralistas y una justicia distraída.

    El 24 es el día para no olvidar que entre los derechos humanos es primordial mantener la integridad de las personas, y para eso es indispensable preservar la ética de nuestros jueces (¿no es escalofriante que un ex juez de la Corte quiera hacer justicia por mano propia estrangulando a un fiscal?), de nuestros gobernantes y representantes, porque éstos, al ser complacientes y partícipes del latrocino y la corrupción, matan mucha más gente que la subversión o la represión.

    En el Día de la Memoria no debemos olvidar la deshonestidad de políticos, militares, empresarios y sindicalistas. Ni olvidemos el despilfarro, ni las coimas, ni los negociados que también crean víctimas inocentes. Hoy hablamos por 8.000 o 30.000 víctimas de la represión, pero es lícito preguntarnos ¿Cuántos millones han caído víctimas de la corrupción? ¿Cómo llegamos a este nivel de gastos? ¿Por qué se endeudaron a niveles imposibles de pagar?

    ¿Cuántos hospitales no se hicieron? ¿Cuánta gente murió por falta de medios, por falta de cloacas o agua corriente, por falta de atención médica o medicamentos? ¿Cuánta plata se perdió en el PAMI? ¿Qué servicio les dieron a nuestros mayores? ¿Cuántos jóvenes murieron por la criminalidad que se instaló gracias a un gobierno permisivo? ¿Cuántos pibes están descerebrados por las drogas que circularon libremente? ¿Cuánta gente murió por accidentes de tráfico debido a la falta de caminos y autopistas que se pagaron y no se hicieron? ¡Eso es lo que no debemos olvidar!

    Cientos de miles murieron y mueren por estas causas, que no debemos apartar de la memoria el 24 de marzo ni ningún otro día, porque la corrupción mata en forma más cruel y artera que las balas.

    P.D.: Esta semana es un nuevo aniversario de la Batalla de Caseros, que ha quedado en el olvido. En aquel entonces muchos argentinos se levantaron contra la tiranía. Hoy debemos ponernos de pie para luchar otro Caseros contra la corrupción que ha sido y será nuestra peor enemiga.

    Omar López Mato

    Médico y escritor

    Su último libro es Ciencias y mitos en la Alemania de Hitler

    omarlopezmato@gmail.com

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