La compañera Nilda

Omar López Mato

La diputada Nilda Garré del Frente para la Victoria, ex Embajadora ante Venezuela, miembro de la Unidad Especial de Investigación de la AMIA (Que pocos resultados ha brindado), ex ministra de Defensa, además de ex guerrillera (comandante Teresa), y emparentada con la conducción histórica de Montoneros (ex conyugue de Abal Medina), acaba de presentar un proyecto de ley para “la prevención y condena de la negación del genocidio y crímenes de lesa humanidad”, a fin de establecer penas de seis meses a dos años y multas de $ 10.000 a $ 200.000 para “quien públicamente negara, minimizara, justificara y/o aprobara cualquier forma de genocidio”.

Con la vehemencia de los sans cullote, que pretendieron borrar la historia monárquica de Francia y el voluntarismo bolchevique que eliminó físicamente a los zares de Rusia, la compañera Nilda quiere correr con el Código Penal a quien ose afirmar que hubo entonces una guerra civil en la que un grupo armado abrigaba la intención de implantar un régimen castrista en Argentina.

Una ley así puede tener consecuencias impensadas, como llevar a multar a los Rosistas que minimizan el accionar de la Mazorca (los muertos por los excesos de represión del Rosismo fueron aproximadamente el mismo porcentaje de la población que los guerrilleros caídos durante la dictadura militar).

Y también podrá traerle inconvenientes a quienes minimicen lo acontecido durante la Semana Trágica o las muertes acaecidas durante la Patagonia Rebelde, hitos de la represión llevada adelante por un gobierno democrático.

Más allá de los inconvenientes con historiadores, sociólogos y escritores vale preguntarse ¿cuáles parámetros serán “verdades”? ¿Los 8.000 desaparecidos que están en el “Nunca Más”, o los 30.000 que están en la imaginación interesada de los ex subversivos? Es también imprescindible preguntar a la comandante Teresa ¿qué es un genocidio? Según la definición más difundida, es la desaparición total o parcial de un grupo “nacional, étnico, racial y religioso”, y que sepa, los subversivos no reúnen estas condiciones. Sus convicciones no eran ni étnicas ni religiosas, sino ideológicas.

De hecho y de acuerdo a este criterio, también la muerte de las víctimas por la subversión sería un genocidio, porque está bien claro que no necesitan ser miembros del Estado para ser acusados de genocidas; un genocida puede ser una persona o grupo de personas particulares asociadas ilícitamente en Montoneros, FAR, ERP y demás (como bien se estableció durante el juicio a las Juntas).

En este tema hay un trasfondo histórico educativo que no puede soslayarse.

Por un lado hubo un grupo de jóvenes educados en los liceos militares y en el Colegio Militar, donde desde hacía años se les venía enseñando la Doctrina de Defensa Nacional. Allí se señalaba claramente quienes eran los enemigos “apátridas” de la Nación. Se les enseñó a los jóvenes que ese grupo de “comunistas, bolches, troskos y zurdos” destruiría a la patria como se la conocía. Esta enseñanza fue realizada en institutos del Estado, con elementos otorgados por el Estado y un plan educativo aprobado por organismos del Estado, con docentes elegidos por el Estado.

Lo que hicieron los militares entonces, fue llevar adelante lo que estaban destinados a hacer: cumplir órdenes. Y las órdenes de aniquilamiento vinieron de un gobierno democrático.

Por otro lado, un grupo de jóvenes de extracción católica, recibió la prédica de la Teología para la Liberación, proceso educativo que dejaba de lado las glorias de una vida mejor en el paraíso celestial para traer el paraíso a este valle de lágrimas.

Esta prédica se mezcló con el peronismo de izquierda (¿un oxímoron?) y comunistas/troskistas que carecían de toda base popular, decididos a llevar adelante una revolución social asociados a cualquiera que fuera funcional a sus fines. Alentados por el revanchismo de Perón, se produjo una extraña “melange” propia de la Argentina, ya que en los demás países de América Latina la subversión fue casi exclusivamente de izquierda (Tupamaros, MIR, etc.).

Empujados por Perón, este extraño grupo de católicos, nacionalista, peronistas, comunistas y niños de Barrio Norte que jugaban al foquismo guevarista, se lanzaron a una lucha armada que continuó después del retorno del general, al que le arrojaron el cadáver de Rucci como advertencia si no cumplía las consignas progresistas de los jóvenes idealistas.

Entonces chocaron dos procesos educativos, uno que parte del Estado argentino, occidental y cristiano, y otro, que respondía a muchas raíces, pero fundamentalmente reconocía un origen cristiano, de donde salieron Firmenich y Abal Medina, entre otros fundadores de Montoneros (además del Padre Mujica).

A ambos bandos les metieron ideas fundamentalistas en la cabeza y ambos pelearon creyendo que todos los métodos eran buenos para que sus ideas triunfasen. Ambas partes cometieron excesos (¿qué duda cabe?) porque así se lo habían enseñado, o mejor dicho, así habían sido adoctrinados. Llevaron sus ideas hasta las últimas consecuencias.

Esta dicotomía condujo al país a profundos problemas, donde nadie reconoce su culpa, porque fueron pensamientos inculcados, metidos a fuego en la conciencia, difíciles de erradicar. La diputada ¿pretende hacerlo por decreto?

La verdad que tenemos cosas más importantes a las que dedicarnos antes de entrar en chicanas ridículas para enarbolar símbolos que se han vuelto anacrónicos y solo persisten para crear caos y desasosiego.

Diputada Garré, hay temas más graves para tratar ahora, que causaron muchísimas muertes de personas en los últimos años (como la desnutrición, mala atención médica, accidentes en las rutas maltrechas, corrupción, etc., etc.). Y estas muertes suman muchas más que las de aquellos  que salieron con un arma en la mano para subvertir el orden 40 años atrás. No tapemos el sol con la mano. ¿Por qué no siguieron las consignas impulsadas por el gobierno de Alfonsín? Entonces Firmenich y la cúpula de los Montoneros estaba presos…

Pero ya está, mejor no seguir dando vueltas sobre el mismo tema.

¿Podemos sentarnos a trabajar por un país mejor sin escarbar en el pasado y dejar que las heridas cicatricen? Cronoterapia, hay cosas que solo se curan con el tiempo, sin leyes ni mandamientos.

Omar López Mato

Médico y escritor

Su último libro es Ciencias y mitos en la Alemania de Hitler

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