Carnaval sin máscaras

Enrique Avogadro

“En esta tierra nuestra, la verdad ha muerto hace mucho tiempo”.

Fernando Aramburu

Los disfraces han desaparecido, los antifaces han sido olvidados y ya todos sabemos quién es quién en el baile. Después del carnaval, el miércoles de cenizas nos traerá nuevamente a la realidad pero, como la semana hábil será muy breve, el final de fiesta se producirá el lunes 6 de marzo.

Entre ese día y el siguiente, se producirán algunos hechos de relevancia pero distintos, aún cuando todos comparten la imagen que sirve de título a esta nota. El Presidente Macri habrá regresado de su paseo triunfal por Madrid, que tendrá repercusiones positivas en un futuro mediato pero si, ingenuamente, espera encontrar aquí a unos caballeros que, al menos por un elemental pudor, lo respetaran por no haber desnudado en su momento la crisis que recibió en 2015, se equivocará una vez más.

Enfrente tiene la peor clase de tahúres, los que padecen de amnesia voluntaria, capaces de simular el olvido de su propio y reciente pasado, de abjurar del kirchnerismo en el que participaron y seguir jugando sucio en el partido. Lo único que buscan es volver al poder, practicar el más abyecto populismo y enriquecerse en el camino.

Los gremios que nuclean a los “trabajadores de la educación” –ex maestros-, anunciaron encantados que el ciclo lectivo no comenzará el 6, como estaba previsto, y que están dispuestos a seguir extorsionando a la sociedad. Perjudican -¿los llamarán “daños colaterales”?- a los más desprotegidos de los chicos con tal de disparar contra el Gobierno y se asocian, descaradamente, a la campaña de desestabilización en la que están empeñadas varias usinas afines. Lamentablemente, y además de la trágica pérdida de días de clase en el “siglo del conocimiento”, entre otras cosas las escuelas cerradas implican niños sin alimentos y padres que pierden el “presentismo” por la necesidad de permanecer en casa cuidándolos.

Como reinvidicación sindical, todo vale: la resistencia a la evaluación y el perfeccionamiento de los docentes, a la corrección del sideral ausentismo, la duplicación de cargos hasta el infinito. Si bien los salarios nominales que perciben pueden parecer bajos, al menos en la ciudad de Buenos Aires un maestro recién recibido, con una jornada básica de cuatro horas, percibe más de once mil pesos. ¿Es un motivo real, cuando toda la ciudadanía está sufriendo mientras paga los errores y los robos de la década kirchnerista o, simplemente, se está haciendo demagogia y oposición salvaje con la huelga?

Me pareció altamente positivo un movimiento, generado a través de Tweeter, por voluntarios a-partidarios, que se ofrecen para dar clases durante la huelga nacional anunciada por Roberto Baradel, líder del gremio más combativo, y sus congéneres de los demás sindicatos, y evitar así, al menos parcialmente, los enormes perjuicios que causará. Y digo positivo porque muestra el profundo hartazgo social frente al accionar de estos verdaderos delincuentes que, embanderados en los reclamos gremiales, buscan sólo réditos políticos.

Ese mismo lunes veremos, por primera vez, a los retoños de doña Cristina, el Diputado Máximo y la joven Florencia, concurrir a los Tribunales de Comodoro Py para prestar declaración indagatoria en la causa Los Sauces, y los seguirá Cristina al otro día. Tienen razón Luis D’Elía y Eugenio Zaffaroni en preocuparse, ya que es posible –aunque altamente improbable- que quede detenida pese a tratarse, después de la denuncia del Fiscal Nisman por encubrimiento del terrorismo, de la causa que más la preocupa.

Nuestra abogada exitosa volvió a usar Tweeter para brindar su apoyo e invitar a sus fieles a sumarse a la marcha contra el Gobierno que, también para el martes ha sido dispuesta por los triunviros de la CGT; pero la catarata de tuits no contuvo uno sólo que se refiriera al Gral. Milani. No es para menos ya que, después de apañarlo durante años, de encumbrarlo a la jefatura del Ejército, de ponerlo al frente del espionaje interno y de darle cifras siderales para su equipamiento –y para que robara a manos llenas-, hoy el noble guerrero se ha transformado en la bala más potente que haya atravesado el relato trucho y el negocio de los derechos humanos tuertos.

Luego del anuncio de la principal central obrera, rápidamente aprovecharon CTA y ATE, los piqueteros, los desocupados, el atomizado PJ pegado con engrudo en San Vicente, los educadores y cuantos pretenden expulsar a Macri y volver a las recientes épocas de corrupción y latrocinios impunes, para recuperar protagonismo. Los convocantes son quienes reciben las peores calificaciones de una sociedad que, sin embargo y por inacción o por abulia, permite que sus dirigentes se perpetúen en sus cargos.

Porque, si bien la economía personal de los argentinos no da demasiado espacio para el optimismo todavía, me pregunto qué pretenden  quienes marcharán el martes que haga el Gobierno: ¿seguir aumentando el déficit, la emisión, el endeudamiento, los impuestos o los subsidios?; cualquiera de esas recetas lleva a mayor inflación, el impuesto más gravoso para los pobres, es decir, para aquéllos a quienes dicen representar. ¿Qué harán por ellos, si siguen en esta tesitura en vez de capacitarlos, cuando el progreso de la ciencia expulse del mercado laboral a los menos preparados?; ¿harán huelga como la de Pablo Moyano, cuando consiguió que los bancos siguieran mandando los extractos en papel y por correo?

¿Dónde deberían buscarse recursos para hacer frente a los reclamos? Hay una sola respuesta: en el crecimiento de la economía, y para ello se necesitan varios elementos: inversión, productividad, seguridad jurídica, previsibilidad, respeto a las normas, y debemos ser nosotros mismos, con las verdaderas fortunas que muchos tienen en el exterior, quienes nos pongamos el país al hombro, porque el mundo se hartó de escuchar nuestros llantos mientras, una y otra vez, nos pegamos tiros en los pies. ¿O es que no hemos oído fuera, cada vez que intentamos que vengan a invertir, la lapidaria apelación: “comiencen ustedes por confiar en la Argentina”?

Macri y Cambiemos podrían fracasar, claro, pero al menos están intentando apartarnos del rumbo de segura colisión con un iceberg en que tantos años de politiquería, de corrupción y de populismo nos habían colocado. En 2015, y por escaso margen, los argentinos decidimos que no queríamos transformarnos en la tristísima Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en la paupérrima Cuba de Fidel y Raúl Castro, o en otro cualquiera de los engendros con que el “socialismo del siglo XXI” había sembrado nuestra sufrida región. Si ese fracaso se produjera, allí estarán los personeros del pasado para regresar y, otra vez, suicidarnos en masa.

No incurramos en el disparate, instalado por los medios y por las usinas K, de igualar las denuncias que se hacen contra Cambiemos, todos los días, con la corrupción kirchnerista y, mucho menos, caigamos en la estupidez de Jorge Asis que, hace poco, llamó a éste “tercer gobierno radical”, o de Sergio Massa, tratando de instalar la comparación con Fernando de la Rúa; todo ello no hace más que dar aire a los golpistas, que hay ya muchos.

Los errores del Gobierno me duelen, y mucho, pero creo que no me queda otra que apretar los dientes, seguir para adelante y, en la medida de mis escasas posibilidades, evitar que siga cometiéndolos.