Los tiempos de El Lago de los Cisnes

El lago de los cisnes fue compuesto por Piotr Ilich Chaikovski en 1877, un año antes de su malogrado matrimonio (de antemano condenado al fracaso). Este ballet está basado en un cuento de Johann Karl August Musäus, “El velo robado”.

Después de una poco feliz primera representación en el Bolshoi, el Lago de los Cisnes se convirtió en una obra paradigmática del ballet clásico, ejemplo de elegancia, hipersensibilidad, y afectación, de una pulcritud escénica que llega a la apoteosis, como el pas des deux, o el gran pas, con docenas de bailarinas luciendo blancos tutus al son de esta música que por momentos es cuasi melosa. El lago de los cisnes es uno de las obras culmines del arte escénico.

La metáfora de una sociedad bailando al son del Lago de los Cisnes, implica una coordinación, mesura, entrenamiento y organización que no está al alcance de todo el mundo sin el adecuado entrenamiento.

Este nuevo gobierno quizás aún no entendió plenamente que, deseándolo o no, la sociedad argentina marcha de la lucha en el barro a la inmaculada imagen del lago de los Cisnes. Después de la corrupción e infamia kirchnerista (que hoy se desgarra las vestiduras luciendo una hipocresía alucinante), los medios de comunicación pasan a exigir la corrección más absoluta, y los diputados que ayer no más, votaban cualquier cosa que le dictaminasen desde el poder ejecutivo, hoy son más escrupulosos que Catón.

Vivimos una revolución moral que es lo más notable que nos ha pasado desde la vuelta a la democracia y como tal deberá extenderse a todos los resquicios del Estado y la sociedad.

Sin escalas pasamos del descontrol más absoluto a las exigencias más exquisitas de la ética y las buenas prácticas, de la mano de un periodismo crítico acostumbrado a las suspicacias que creaba un régimen empeñado en la destrucción de toda estructura de control del Estado. Con la práctica lograda tras una década de escandalosa corrupción diaria, estancada la Justicia en un berenjenal inoperante, hoy todo el mundo está ejerciendo la capacidad de sospechar por cada detalle y exige un recato republicano que cuestiona nimiedades, como el uso del helicóptero presidencial, cuando hace un año atrás, la señora se hacía llevar los periódicos de Buenos Aires al Calafate por el Tango 01, o cualquier funcionario de cuarta podía alquilar un Jet Lear para un viaje protocolar o de placer, como el que debe justificar Scioli en estos días.

Los antiguos púgiles del fango, acostumbrados a maniobras chapuceras, hoy se han convertido en especialistas de las cinco posiciones del ballet clásico para discutir sobre la elegancia de las fermeé o las ouverte, o las ventajas del entrechat (o cambio de pie)  arte en el que se destacan algunos peronistas un tanto desorientados por la nueva coreografía política.

Si bien se debió recurrir a un cambio gradual en lo económico, desde el punto de vista ético, presenciamos una revolución copernicana conducida por la batuta de la Dra. Carrió, cuyo estilo a veces tiránico (como el de Toscanini), pone en marcha una nueva modalidad política que muchos estábamos esperando. Obviamente, estos cambios van de la mano de errores y contramarchas, hecho al que los argentinos no estábamos habituados, acostumbrados a las figuras caudillezcas cuasi proféticas, de políticos duros y certeros, como patrones de estancia, pero que en su tozuda hipocresía erraban en rumbo sin el coraje de enmendarlo. Macri no es el mago Copperfield ni un caudillo, ni un filósofo, ni siquiera tiene esa picardía porteña del político de barricada, pero debemos reconocer su voluntad de enmendar un rumbo errado. El país no podía seguir así, peleando en el fango.

Por la codicia abrumadora de los Kirchner la sociedad se desarticuló. La corrupción de la conducción pudrió todos los rincones del entretejido social, administrativo y político del país. Caímos en lo más bajo, al borde de una hiperinflación que las políticas de este gobierno pudieron contener a tiempo… pero de ese logro nadie habla. Y pasa oculto a la mayoría, como si hubiese sido fácil frenar la caída libre que nos hubiese llevado a terminar como Venezuela, gracias a las bombas sembradas por Cristina y sus esbirros.

Hay inocentes que abrigaban la idea mágica que en un año se solucionaba todo… ¿con 33 % de pobre? ¿Con los sindicatos que tenemos? ¿Con los piqueteros que se quejan porque “si nos quitan los subsidios tenemos que ir a trabajar” (sic)?

Ahora los espectadores son especialistas en croise y chaseé,  en la ley de quiebras y en finanzas internacionales. …Y está bien que así sea, aunque estas opiniones deban leerse en el contexto político y sus intereses partidarios. Por ejemplo la inflación acumulada en los últimos 6 meses fue del 8 % y el aumento a los jubilados de 12.6 %, pero un tecnicismo que baja en 20 pesos las liquidaciones desata la furia de los legisladores que por tres años (y con una inflación mayor), congelaron los haberes jubilatorios.

El kirchnerismo, que por doce años no le cobró la deuda al Correo, hoy pretende actualizarla con una inflación que según ellos no existió. Y encima el caradura de Alberto Fernández dice que ellos no cometieron esos errores!  ¡Es difícil trabajar con gente tan hipócrita, inconsistente y tan poco insight! Bueno, son peronistas ¿esperábamos algo distinto?

Por supuesto que hubo desprolijidades. El tema Correo debería haberse con una transparencia digna del Lago de los Cisnes que se está ejecutando, porque cualquier falla de la “troupe” caerá en el coreógrafo. Este gobierno revoleó 30.000 millones para que los piqueteros no protesten (cosa que volvieron a hacer) y por 125 millones de menos en las jubilaciones se meten en problemas, y deben rectificarse ante la sorna de aquellos que “nunca cometieron errores”. Los que hacemos cosas, nos equivocamos y es de noble naturaleza reconocer las diferencias de criterio. La vida no es blanco o negro, como quieren hacernos ver, hay miles de matices, detalles técnicos y cosas que ni imaginábamos por más que se la estudie cien veces…

En la mise en scene de esta nueva producción global del Lago de los Cisnes (también  se la interpreta en Brasil, en Perú y pronto se estrenará en Ecuador y quien sabe cuándo en Bolivia y Venezuela), habrá una Reina y un príncipe Sigfrido, está Odette, la hermosa princesa, y habrá bufones, amigos y Rothbart, el brujo malvado, con Odile su perversa hija convertida en Cisne Negro.

Como en todo drama humano, habrá enredos, confusiones, malas intenciones y malas interpretaciones, pero siéntese usted a disfrutar (o sufrir, del espectáculo, como hacen algunos entusiastas del ballet). Las luces se apagan. La orquesta afina sus instrumentos, y la doctora Carrió sale a escena con su batuta bajo el brazo. El Lago de los Cisnes está por comenzar y ya muchos esperan que Odile vaya presa de una vez por todas.

Omar López Mato

Médico y escritor

Su último libro es Ciencias y mitos en la Alemania de Hitler

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