Cristina, Lilita y María Eugenia, las tres protagonistas de octubre

Cada una se juega una apuesta especial que va a determinar el nuevo mapa del poder. Y el futuro de Macri. Tres mujeres. Ellas serán las protagonistas de la elección. Una para defender lo obtenido durante más de una década, ahora que puede perderlo todo. Otra que quiere ratificar su vigencia en las urnas, después de mil batallas. Y la más joven, que intenta consolidar el liderazgo que le adjudican las encuestas de imagen. Cristina Kirchner, Elisa Carrió y María Eugenia Vidal, cada una se juega una apuesta especial que va a determinar el nuevo mapa del poder. Y el futuro de Mauricio Macri, el hombre que gobierna la Argentina.

Hace rato que el Presidente ha comprendido que su rival es Cristina. Sabe que la victoria de 2015 contra Daniel Scioli no es suficiente y que necesita ganar las elecciones legislativas para darle al kirchnerismo el golpe de gracia. Como lo hicieron Carlos Menem en 1991 o Néstor Kirchner en 2005, Macri buscará ratificar su modelo político y económico con un triunfo de medio término y ha elegido a las dos mujeres más convocantes del Frente Cambiemos para dar esa pelea. Carrió será la candidata estrella en la Capital y Vidal será la candidata virtual en la decisiva provincia de Buenos Aires.

El examen de María Eugenia

Es especial el caso de Vidal. La propia Lilita se encargó de revelar por qué no terminó compitiendo en el áspero territorio bonaerense. “María Eugenia no quiso”, fue la frase compungida de Carrió, quien ya venía reuniéndose seguido con Horacio Rodríguez Larreta para encabezar las boletas porteñas. Lo que sucederá en octubre con la gobernadora es un examen de madurez política. Si los candidatos de Vidal triunfan, ella se convertirá en la verdadera jefa política del distrito más importante del país. Por eso, prefiere jugar esa apuesta de alto riesgo con sus propias cartas. Una victoria del ministro Esteban Bullrich o del neurólogo Facundo Manes será leída siempre como una victoria suya. En cambio, un triunfo de Carrió podría haber complicar su liderazgo y desatar una disputa de consecuencias imprevisibles.

Claro que hay una hipótesis de pesadilla que podría derrumbar ese razonamiento: una derrota de los candidatos de Vidal también será leída como un paso atrás de la Gobernadora. En ese caso, la victoria embarazosa de Carrió habría sido mucho más digerible que cualquier otro camino que conduzca a perder las elecciones. Ya se sabe. En política, el resultado final es el único hecho concreto que valida las estrategias.

Pero rauda e impetuosa, María Eugenia sigue adelante y se prepara para su próximo golpe de efecto. Después de su pulseada con los gremialistas docentes y de haber anunciado el boleto estudiantil para 300 mil universitarios, el viernes pondrá en marcha el Metrobus de La Matanza, una de las obras más ambiciosas en un territorio dominado históricamente por el peronismo. Son 16 kilómetros de colectivos rápidos que el macrismo ya impuso como marca de gestión en la Capital Federal y en la zona norte del conurbano. ¿Invitarán a Verónica Magario? Si la Argentina está transitando realmente algún sendero de cambio, la intendenta peronista preferida de Cristina debería estar en la foto de un emprendimiento que beneficiará a los habitantes de esa mini provincia donde viven dos millones de personas.

El optimismo de Lilita

Alejada ahora de la inmensidad bonaerense, Carrió se prepara ya para intentar una elección histórica en el distrito porteño. Lilita está confiada porque las encuestas la muestran con muy buena imagen; porque consigue buen rating cada vez que va a la TV y porque la calle le devuelve el feeling de sus mejores momentos. Ya le mostró los dientes al desterrado Martín Lousteau y, entre los dirigentes que la acompañan, crece el sueño de una elección triunfal con el 50% como porcentaje ideal.

El enigma de Cristina

La convicción de Vidal y el optimismo de Carrió son las herramientas que prepara Macri para la batalla final contra Cristina y el kirchnerismo. Pero la ex presidenta estudia meticulosamente su jugada y no le dice a nadie si será candidata o no. Un dirigente que fue ministro suyo lo explica sonriendo. “La Cristina que yo conocí no sería candidata porque corre el riesgo de perder, pero a esta Cristina no la conoce nadie…”. Los peronistas se ilusionan con su paso al costado, pero nadie está seguro de nada. Daniel Scioli se ilusiona con ser nuevamente el candidato elegido en su nombre. Florencio Randazzo se ilusiona con enfrentar a alguno de sus escuderos en la interna del PJ bonaerense. Verónica Magario se ilusiona con un gran acuerdo peronista bendecido por ella. Pero nadie sabe realmente que es lo que va a hacer Cristina. Las únicas certezas son que va a esperar hasta último momento para decidir y que siempre se ha adueñado de la lapicera con la que se escriben los nombres de todos los candidatos de las listas que sostienen las expectativas del peronismo

Las únicas señales visibles de Cristina son sus frenéticos posteos en Facebook, en Twitter y en Telegram. Allí construye una novela de la Argentina que sólo está en su cabeza y cuenta con el favor de un peronismo inerte que, en todos estos años, jamás se ha animado a enfrentarla. Guste o no, sólo Sergio Massa ha saltado las tranqueras del movimiento para propinarle una derrota impactante en 2013. Pero el líder del Frente Renovador pasa ahora la mayor parte de sus días diseñando estrategias que le permitan escapar de la telaraña de la polarización en la que juegan Macri y Cristina. No será nada fácil.

Hay cada vez más mujeres en el máximo nivel del poder. Carolina Stanley, Gladys González y Graciela Ocaña ocupan roles ascendentes en el oficialismo. Magario asoma solitaria en la constelación del peronismo. Mientras Margarita Stolbizer y Malena Galmarini acompañan la evolución de Massa. Pero Cristina, Lilita y María Eugenia están en un escalón superior. Ellas tres medirán temperamento y popularidad en la gran compulsa de octubre. Estén o no estén en las boletas, pondrán su destino en manos de una sociedad expectante que carga en la mochila demasiadas desilusiones.

Fernando González