El miedo de gobernar

Carlos Lanusse

Este no es un gobierno de derecha, es vergonzante de la misma. En cambio es un gobierno de cabeza, porque actúa con la cabeza para abajo, con  pánico de cualquier pueblada, sin temor a perder por ello predicamento y autoridad.

Este método desilusiona a los independientes del 1ºA, cuando el gobierno también se equivocó por miedo a no ser acompañado y se desentendió de la marcha. Caminar con la cabeza gacha es tener convicciones Groucho: “…si no te gustan tengo otras”.

Veamos las consecuencias. ¿Con que cara va a soportar la Justicia que le corrijan su fallo por una ley repentina, con apoyo del gobierno, originada en una pueblada? ¿Va actuar con independencia y justicia si la acción política le dobla el brazo en cualquier momento? ¿Acaso no vimos al populismo doblegar a la Justicia desde la política? Este gobierno, ¿es alternativa al populismo cuando aprueba  una “pueblada correctiva” o  no pasa de populismo elegante?

No se trata del dos por uno, sea este oportuno o inoportuno, se trata de no instalar la pueblada como método anti Justicia. Ahora está instalado y ¿qué va a ser de nuestras calles de aquí a Octubre, sino griterío y tumulto autorizados por el temor a gobernar? ¿Cuál batalla cultural estamos dando? ¿Una sin división de poderes, con asambleas en las calles?

Con la Justicia resentida y el Congreso dedicado a no sancionar por cuestiones electorales, salvo esta ley de retroceso manifiesto, ¿cuán lejos  llegará el Ejecutivo? Carrió rescató el sentido común, el de  apoyar al fallo judicial, para que la Justicia permanezca de pié. Supo que ¡afianzar la Justicia!, es mandato constitucional.

En Brasil, ¿no fue un juez el que dio vuelta a la política? El camino al desarrollo pasa por Justicia independiente, no por pos-verdad. Y en lo económico, ¿de dónde proviene el gradualismo sino del temor?

Se vive y se gobierna con la cabeza erguida, el pensamiento es guía. La cobardía no puede disfrazarse de prudencia, más tarde o más temprano se descubre y entonces se pierde predicamento y autoridad. Desilusionar, es convocar a otra ilusión: a un gobierno sin miedo de gobernar.