Modelo para armar

Por Ricardo Valentini
2/2/11

Nuestro bien amado país, sigue siendo, como en aquellos juegos que de niños teníamos para armar, un gran rompecabezas, donde pese a las instrucciones, debíamos ser enseñados, para conseguir un resultado. Normalmente con esa explicación brindada por un mayor o por alguien que tenía la sabiduría suficiente, y con las herramientas disponibles, conseguíamos que nuestra tarea fuera fructífera.

Nuestra mente sana y preparada para aprender nos hacia llegar al éxito que deseábamos.

Hoy en día todos los medios locales y algunos extranjeros nos dan esa primera lección, que realmente ya llegan a un curso, pero nuestra mente ha cambiado, dejo de ser esa mente infantil sana y abierta al aprendizaje, que respondía de inmediato, y,  se transformó, con el correr del tiempo y los acontecimientos, en una mente enferma, que no quiere cambiar sus vicios y malas  adiciones, pues se le ha enseñado que el poder y el dinero bien o mal habido son los que dominan al mundo.

Se ha cambiado el verdadero valor de la creación y crecimiento, por  antónimos que nos llevan a la autodestrucción. Día a día se pierde la fe, los deseos de trabajar, la dignidad, la caridad, la solidaridad (con afortunadas excepciones) y por sobre todas las cosas, el compartir con nuestros congeneres, que es la forma principal de vida.

Las ambiciones desplazan a los buenos sentimientos, y, estamos inmersos en esta contradicción que es el renegar de costumbres sanas. Hemos perdido la candidez de nuestra niñez para transformarnos en buitres que esperan a su próxima victima.

La mente que nos permitía con la primera enseñanza, armar nuestro rompecabezas se ha transformado, hasta llegar a lo actual, donde el único aprendizaje valedero, es el de acrecentar el poder y el dinero.

Esta formación social nos ha traído por consecuencia lógica, una disminución en todos los estratos,  con una decadencia absoluta de los valores. En la política  que siempre ha sido muy artera, se ha afianzado la corrupción y por sobre todas las cosas el derecho a la perpetuidad.

Los que nos dirigen o piensan dirigir los destinos políticos, solo piensan en si mismos , la sensación país ha desaparecido de las instrucciones. No aplican las enseñanzas útiles, que hemos recibido de terceros y del correr de los años, salvo en lo que se refiere a su bienestar personal y al de sus familiares,  por tanto las estructuras  del modelo se han resquebrajado, y mientras no retornemos a esa mente infantil sana, y creativa, seguiremos en la caída libre en que nos encontramos.

Debemos recuperar la mente de esa niñez, con el desarrollo cerebral que nos dan los años, pero con la ternura y sinceridad de los pequeños, tomando en cuenta las lecciones que recibimos de terceros y de la vida misma, con lo que lograremos afianzar este enorme modelo que requiere su armado.

No debemos perder más tiempo, nuestro país nos lo exige.

Ricardo Valentini
ricardoval@arnet.com.ar

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